Un oso sigiloso

Un oso sigiloso

Habíamos recorrido casi toda la zona de osos sin ver ninguno, y justo antes de salir de ella aparece este, agazapado en un pequeño claro entre los matorrales: pelaje negro y uniforme, hocico de un gris pardusco, orejas pequeñas y muy redondeadas, la cabeza baja y el cuerpo compacto, sin joroba entre los hombros.

Es un oso de collar u oso negro asiático (Ursus thibetanus), y de hecho la única especie de oso que alberga esta reserva. Su rasgo más característico —una mancha color canela en forma de uve o media luna sobre el pecho, que le ha valido también el nombre de «oso lunar»— no se aprecia en esta foto, porque el animal mira de frente con la cabeza gacha; pero sabemos que está ahí, bajo ese pelaje negro que en este encuadre parece ininterrumpido.

Es un oso de distribución muy amplia en Asia, desde Afganistán hasta Japón —donde es el único oso salvaje de la isla de Taiwán—, omnívoro capaz de comer casi cualquier cosa: fruta, frutos secos, invertebrados, miel, peces, pequeños mamíferos. Y también una especie vulnerable, presionada por la caza, la pérdida de bosque y la demanda de sus partes para la medicina tradicional china.

Al ampliar la imagen aparecen, otra vez, los insectos que ya se colaron en la foto de las springboks: varios mosquitos posados directamente sobre su cara. Pero aquí la relación es distinta — ningún temblor de piel, ninguna sacudida. Donde el pelaje corto de un antílope se defiende a base de espasmos constantes, esta mole de pelo espeso y piel gruesa ni se inmuta: los mosquitos están ahí, y a él, sencillamente, no parecen importarle.

(Texto sugerido por el modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Reserva Africana de Sigean, Francia.


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