La nevada ha decidido tomarse en serio la tarde. Frente a la kenesa, entre la calle y el lago Galve, hay una pequeña explanada donde la nieve nueva se posa sobre la hierba todavía verde, borrando los contornos sin llegar aún a cubrirlo todo. Es ese momento efímero en que la nieve recién caída no ha pisado nadie, antes de que el mundo la transforme en barro o en hielo.
Al otro lado del agua, apenas visible entre los árboles desnudos, está la isla que los lituanos llaman Bažnytėlė —»la iglesita»— nombre que lleva porque guarda en su interior las ruinas de una pequeña iglesia ortodoxa, otro fragmento de la historia plural de Trakai, ciudad que ha sabido albergar durante siglos a caraítas, lituanos, polacos, rusos y judíos, cada uno dejando su huella en el paisaje.
Por un momento, con los copos cayendo sobre el lago en calma, Trakai parece un lugar fuera del tiempo.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Trakai, Lituania.
