Hacia el final de la Karaimų Gatvė, entre los copos que ya caen con decisión, aparece el edificio que alberga el Museo Etnográfico Caraíta. Su historia es casi tan accidentada como la del propio pueblo que documenta. Fue Hadži Seraya Khan Šapšalas —erudito orientalista, último gran dignatario espiritual de los caraítas de Lituania y Polonia— quien soñó con crear este museo desde sus años de estudiante en la Universidad de San Petersburgo, viajando por Crimea, Siria, Turquía y Egipto para reunir piezas. La ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio tuvo lugar el 6 de julio de 1938, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial paralizó la construcción. La colección sobrevivió en el apartamento de Šapšalas en Vilna, luego fue confiscada por los soviéticos, y el museo no abrió sus puertas hasta 1967, seis años después de la muerte de su fundador.
Es el único lugar de Europa donde puede conocerse la cultura y la historia de esta comunidad que llegó desde Crimea hace seiscientos años, y su colección ofrece una ventana a la historia, las costumbres y la vida cotidiana de los caraítas. Unas trescientas piezas que van desde contratos matrimoniales egipcios hasta colecciones de armas orientales, pasando por utensilios domésticos, vestimentas tradicionales y objetos litúrgicos.
Hoy apenas sesenta caraítas viven en Trakai, y su número —menos de doscientas ochenta personas en toda Lituania— mengua sin remedio. El museo es, en ese sentido, algo más que un espacio de divulgación: es el repositorio de una cultura que lucha contra su propia extinción.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Trakai, Lituania.
