Un poco más adelante por la misma calle, el contraste se hace visual y rotundo: a la izquierda, el muro de ladrillo erosionado del monasterio ortodoxo del Espíritu Santo, con sus cúpulas rosas asomando por encima; a la derecha, un edificio de hormigón negro y ventanales contemporáneos, como recién salido de un catálogo de arquitectura nórdica.
El monasterio ortodoxo del Espíritu Santo es la sede de la Diócesis Ortodoxa Rusa de Lituania, y su iglesia fue reconstruida entre 1749 y 1753 en el estilo barroco vilnense. Pero sus raíces son mucho más antiguas: la iglesia y el convento llevan funcionando en este lugar desde 1597, y en su momento de mayor esplendor el monasterio mantenía su propia imprenta y escuela donde se enseñaba ruso, eslavo, polaco, latín y griego. Un centro intelectual y espiritual ortodoxo en el corazón de una ciudad mayoritariamente católica, superviviente de siglos de ocupaciones, guerras e intentos de borrar su presencia.
El edificio negro de la derecha no tiene historia todavía. Es puro presente: aparcamiento, ventanas rectangulares, líneas limpias. Vilna lleva siglos acostumbrándose a este tipo de vecindades.
(Texto de Claude AI)
—
Vilna, Lituania.
