Vecinos sin manual

Vecinos sin manual

El grupo de springboks terminó alcanzando al de los antílopes acuáticos, y ahí ocurrió esto: uno de ellos se apartó de golpe, se irguió sobre las patas traseras y trató de montar a uno de los kobos. Fue cuestión de un segundo — disparar con teleobjetivo desde un coche en marcha no perdona, y la foto sale movida y mal encuadrada — pero el gesto quedó registrado igual, torpe y fugaz.

No hace falta leerlo en clave reproductiva: montar a otro individuo, incluso de sexo o especie distinta, es un comportamiento social bien documentado entre mamíferos gregarios, mucho más relacionado con la dominancia, el exceso de energía o la simple descarga de tensión que con el apareamiento. Los etólogos lo ven con frecuencia en manadas cautivas, donde el contacto entre individuos es más constante y menos filtrado por la distancia que impondría el territorio en libertad.

Y es precisamente esa distancia la que aquí falta. En la sabana real, un springbok del sur de África y un kobo, ligado siempre a ríos y charcas, apenas coincidirían en el mismo paisaje, y mucho menos en la misma manada. La reserva los junta en una misma pradera seca, comprime continentes y hábitats en un puñado de hectáreas, y de vez en cuando el resultado es esto: un gesto sin destinatario claro, dirigido a un vecino con el que, en ningún mapa real, debería haberse cruzado nunca.

(Título y texto creados con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Reserva Africana de Sigean, Francia.


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