Un poco más adelante por la misma calle, el contraste se hace visual y rotundo: a la izquierda, el muro de ladrillo erosionado del monasterio ortodoxo del Espíritu Santo, con sus cúpulas rosas asomando por encima; a la derecha, un edificio de hormigón negro y ventanales contemporáneos, como recién salido de un catálogo de arquitectura