La pared de las teteras


En la esquina de Pilies con Bernardinų, justo donde la calle principal del casco antiguo se cruza con el callejón que lleva a las iglesias de Santa Ana y los Bernardinos, la fachada de un edificio hace algo inesperado: de ella brotan teteras. Medias teteras de porcelana blanca enganchadas en la pared a distintas alturas,

Pilies 12


La calle Pilies —»la calle del Castillo»— es el eje más antiguo y más concurrido del casco histórico de Vilna, el camino que desde la Edad Media recorrían reyes, legados del Papa y embajadores extranjeros rumbo al castillo. Sus edificios reflejan siglos de historia superpuesta: aquí una fachada barroca, allí un arco renacentista, más allá

Rincones escondidos


La calle Pilies —la calle del Castillo— es el eje vertebrador del casco histórico de Vilna, la arteria que une la Plaza de la Catedral con el Ayuntamiento y que concentra buena parte del tránsito turístico de la ciudad. Pero quien camina por ella con los ojos abiertos descubre que sus fachadas no son el

El negro de Pedro el Grande


Al final de la calle Bokšto se abre una pequeña plaza nevada con unos puestos de bufandas y gorros bajo sus sombrillas de colores, y al fondo la iglesia de Santa Paraskeva con su fachada rosa y su cúpula neobizantina. Un escenario de una calma casi irreal después del camino recorrido. La iglesia de Santa

Ahí dentro se cocina


Casi al final de la calle Bokšto, entre tanto fragmento de muralla medieval e iglesia barroca, un maniquí con traje de protección amarillo monta guardia ante una puerta. El cartel lo confirma: Baking Mad Hidden Lab, restaurante de hamburguesas temático ambientado en Breaking Bad, la serie de televisión sobre un profesor de química convertido en

Sendas blancas


Desde la entrada al bastión, un solar en pendiente abre una ventana inesperada sobre el casco viejo. Dos senderos de nieve pisan la hierba todavía verde y conducen hacia algún punto fuera del plano, mientras en primer término una casa de aspecto descuidado parece resistir sin demasiadas esperanzas. Al fondo, asomando por encima de los

Bajando la colina del bastión


Bajando por la calle Bokšto desde el bastión, el casco histórico de Vilna se abre en perspectiva. Es uno de esos puntos donde uno se detiene aunque vaya con prisa. En el horizonte destaca la blancura de la Catedral de la Asunción de la Teótokos, la sede de la Diócesis Ortodoxa Rusa de Lituania. Fue

La antigua muralla


Al darnos la vuelta después del bastión, la muralla sigue ahí, extendida a lo largo del tramo que une la antigua Puerta de Subačius con la Puerta de la Aurora. Es el tramo más largo de la muralla original que se conserva sin interrupciones. Construida en ladrillo y piedra con rasgos góticos y renacentistas, recorría

El bastión


Al final de la calle, el paisaje cambia de escala. La Basteja —el Bastión de la Muralla Defensiva de Vilna— aparece de golpe, macizo y rotundo, con su forma de herradura en ladrillo sobresaliendo sobre el parque nevado. La muralla original, construida por orden del Gran Duque Alejandro a partir de 1503, rodeaba la ciudad

Tamsta


En la misma calle, casi al final antes de la plaza, una persiana metálica echada anuncia que quien vive aquí prefiere el horario nocturno. Encima del portal, una figura dorada agachada toca afanosamente la guitarra, ajena a la mañana gris de noviembre. Es el Tamsta Club, uno de los locales de música en directo más



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