Vilniaus gatve, la calle más antigua de Kaunas, está casi desierta a las diez de la mañana. El pavimento húmedo refleja el cielo azul y las fachadas de colores de los edificios que flanquean la calle. Camino hacia el centro histórico cuando me encuentro con esta escena congelada en bronce: un niño en bicicleta, pedaleando con entusiasmo, y un perro que corre tras él, ladrando una advertencia.
La escultura se llama «Nežiopsok!», que en lituano significa algo así como «¡No te duermas!» o «¡Cuidado!». Fue creada en 2019 por el escultor Kęstutis Balčiūnas como parte del programa «Kaunas Highlights», una iniciativa municipal sin precedentes en Lituania que permite a los artistas decorar diferentes partes de la ciudad con obras que destaquen por su originalidad y armonía con el entorno.
Pero esta no es solo una escultura bonita de un niño jugando con su perro. Es una historia urbana contada con humor e ironía. Vilniaus gatve fue parte del camino medieval que unía el Castillo de Kaunas con la capital, Vilnius. A mediados del siglo XIX, cuando comenzó la reestructuración de la ciudad, la ruta de esta calle fue modificada, desviando su parte oriental hacia el norte, en dirección a Savanorių prospektas. Tras la reestructuración, se construyó un edificio residencial sobre el antiguo trazado de la calle, y en 1985, durante una reconstrucción, el viejo pavimento que había quedado bajo el edificio fue reemplazado por adoquines.
Balčiūnas decidió representar esta curiosa situación urbanística con una composición escultórica: el niño pedalea sobre el antiguo pavimento de Vilniaus gatve sin darse cuenta de que un edificio se alza repentinamente frente a él. El perro lo persigue ladrando, intentando advertirle del peligro. ¿Conseguirá el niño ver el muro que se aproxima y frenar a tiempo? El observador queda intrigado, imaginando el final de la historia. Es una metáfora perfecta sobre cómo las ciudades cambian, sobre cómo los caminos que una vez existieron desaparecen bajo nuevas construcciones, y sobre cómo a veces no prestamos atención a lo que tenemos delante hasta que es demasiado tarde.
Aquí, en esta calle desierta de noviembre, el niño sigue pedaleando eternamente hacia su destino incierto, y el perro sigue ladrando su advertencia que nadie escucha. ¡Nežiopsok! —nos dice la escultura—. Mantén los ojos abiertos, porque las ciudades nunca dejan de transformarse.
(Título y texto de Claude AI)
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Kaunas, Lituania.
