Miquelet

Miquelet

El camino de vuelta a Sant Martí d’Ogassa se despliega con la suavidad del que ya conoce el destino. A la derecha, junto a la pista formigonada, se alza el Mas Miquelet, todavía dedicado a la ramadería y la agricultura en estas tierras altas del Ripollès. Un poco más arriba, medio oculta por la vegetación, la Cabanya del Miquelet —que algunos mapas identifican como «el Castell»— se recorta contra la ladera.

Al fondo, presidiendo el paisaje con su mole imponente, el Puig de Coma d’Olla se eleva hasta los 1938 metros, formando parte de la Serra Cavallera que separa las valls del Freser y del Ter. Es uno de esos cims que los excursionistas conocen bien: se alcanza desde la Portella d’Ogassa, siguiendo la carena rocosa en dirección al Puig Estela, en una ruta que regala vistas panorámicas del Taga, el Canigó y toda la cordillera pirenaica.

El nombre Miquelet ha quedado prendido en el paisaje: en el mas, en la cabanya, incluso en el Forat del Miquelet, una sima de 96 metros de profundidad que se abre en las entrañas de la Serra Cavallera. Nombres que hablan de generaciones que trabajaron estas montañas, que las conocieron palmo a palmo, que dejaron su huella en cada piedra y cada sendero. El camino sigue adelante, ya casi en casa, mientras el Puig de Coma d’Olla vigila desde su altura, eterno guardián de este rincón del Ripollès.


Sant Martí d’Ogassa, Girona.


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