En algún momento de la última década, las ciudades del mundo descubrieron que seis o siete letras gigantes podían convertirse en el escenario perfecto para la democratización visual del turismo contemporáneo. Amsterdam fue pionera con su icónico «I amsterdam» en 2004, instalado en Museumplein y fotografiado unas 6.000 veces al día hasta que fue retirado en 2018 por saturación turística. Desde entonces, el modelo se replicó globalmente: cada ciudad quiso su propio rótulo instagrameable, su marca registrada en mayúsculas, su backdrop oficial para el turismo de redes sociales.
Kaunas, Capital Europea de la Cultura 2022, no podía quedarse atrás. Frente al castillo medieval que resistió el asedio de la Orden Teutónica en 1362, ahora se levanta esta instalación de letras tridimensionales en tonos verde agua —el color corporativo del turismo contemporáneo—, donde decenas de visitantes esperan su turno para escalar, abrazar o simplemente posar junto al hashtag municipal. El contraste es brutal y deliberado: detrás, la torre cilíndrica de ladrillo rojo del siglo XIV que vio morir a 364 soldados lituanos; delante, el alfabeto turístico del siglo XXI donde la ciudad se reduce a siete caracteres fotogénicos.
La escena se repite en cada ciudad que aspira a convertirse en destino: primero llegan las letras, después los selfies, finalmente los miles de posts etiquetados con #kaunastic, #visitkaunas, #kaunascastle. El paisaje urbano se convierte en atrezo, el monumento histórico en telón de fondo, y el viajero en productor compulsivo de contenido geolocalizado. La fotografía ya no documenta el viaje: el viaje existe para ser fotografiado. Y las letras gigantes son el marco perfecto para esa transacción entre el lugar y su representación digital, entre la experiencia vivida y la imagen compartida, entre estar en Kaunas y demostrar que estuviste en #KAUNAS.
(Texto de Claude AI)
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Kaunas, Lituania.
