La parte trasera del edificio que mencionaba en el post anterior es una enorme pared agujereada, pensada para que aniden en ella los gorriones comunes, y contemplar su actividad es todo un espectáculo: una colmena doméstica donde cada agujero es una ventana y cada gorrión, un vecino con sus propios asuntos. Mientras unos entran y salen alimentando a los polluelos, otros trepan por la pared agarrándose con las uñas, otros descansan sobre las tejas que hacen de tejadillo a la entrada de los nidos, y algún par más atrevido copula sobre esas mismas tejas, ajeno por completo a las miradas. Es como espiar la vida de un bloque de pisos desde la calle, solo que aquí nadie corre la cortina.
De entre todas las fotos que hice de esa pared, me quedo con esta: un macho — se le reconoce por el peto negro que le cubre la garganta y el pecho — asomado a la entrada de su nido, contemplando el mundo con esa quietud que contrasta con el bullicio de sus vecinos. Ese peto no es un simple adorno: se cree que funciona como una especie de insignia de estatus entre los machos, aunque lo único que la ciencia ha podido confirmar con certeza es que crece y se oscurece con la edad, así que cuanto más veterano el gorrión, más ancho el peto.
El gorrión común es, además, un animal profundamente social: fuera de la época de cría duerme en dormideros comunitarios, y cuando anida lo hace en colonias apretadas como esta pared, nido junto a nido, sin apenas intimidad. Son monógamos y suelen emparejarse de por vida, aunque eso no impide ciertas infidelidades ocasionales — hasta un 15% de los polluelos de una pareja no son del macho que los alimenta.
Lo que no deja de sorprenderme es que un animal tan corriente, tan de patio de vecinos, esté en franco declive en buena parte de Europa: algunas ciudades han perdido hasta el 90% de su población en las últimas décadas. Así que esta pared bulliciosa, con su macho asomado y su barrio entero a la vista, no es solo una escena simpática, sino un pequeño lujo cada vez más raro.
(Título y texto sugeridos por el modelo Sonnet 5 de Claude AI)
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Reserva Africana de Sigean, Francia.
