El primo con estilo

El primo con estilo

Después de los licaones pasamos por un paso elevado y, justo debajo, encontramos a estos curiosos cerdos dando buena cuenta de lo que los cuidadores acaban de echarles. Es el potamoquero rojo (Potamochoerus porcus), y la diferencia con el facóquero que vimos unas fotos atrás no podría ser mayor: donde aquel era todo utilidad sin ninguna concesión a la estética, este luce un pelaje naranja intenso, una línea blanca que le recorre el lomo de la frente a la cola, y unos penachos de pelo largo en la punta de las orejas que le dan un aire casi decorativo.

Pero ese aire decorativo, como casi siempre en la naturaleza, tiene su función: cuando el potamoquero se siente amenazado, eriza esos mechones de las orejas junto con el pelo largo de la cara y del lomo, aumentando de golpe su silueta para parecer más grande e intimidante ante un posible depredador. Es, en el fondo, el mismo tipo de ingeniería que ya vimos en el facóquero bajo una forma mucho menos vistosa — la naturaleza resolviendo el mismo problema de maneras muy distintas según la familia.

Viven en grupos de seis a diez individuos, liderados por una pareja dominante, y son animales de hocico curioso: excavan con él raíces, bulbos y hongos, pero no desprecian nada que encuentren a mano, desde fruta caída hasta huevos o carroña, y siguen a babuinos, chimpancés y elefantes para aprovechar lo que estos van dejando caer por el camino. Lo de hoy, comida servida directamente por los cuidadores bajo este paso elevado, les habrá parecido un golpe de suerte comparable.

Entre el facóquero feo y funcional y este primo rojo con penachos, me quedo pensando en cuántas soluciones distintas puede dar la evolución a una misma familia de cerdos salvajes.

(Título y texto sugeridos por el modelo Sonnet 5 de Claude AI)
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Reserva Africana de Sigean, Francia.


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