Ni se esconde ni se rasca

Ni se esconde ni se rasca

En la laguna de las espátulas me encuentro con esta ave en una postura algo cómica: apoyada en una sola pata, con el cuello curvado hacia atrás y la cabeza hundida entre las plumas del lomo. No sé, al verla, si se esconde de mi objetivo o si simplemente se está rascando. Es un sirirí colorado (Dendrocygna bicolor), también conocido como pato silbón colorado o suirirí bicolor, uno de los dos “patos silbadores” que tiene la reserva — se les llama así por su silbido característico, muy distinto al típico cuac-cuac, que suelen emitir en vuelo o de noche.

La respuesta a mi duda es, en realidad, ninguna de las dos cosas: ni se esconde ni se rasca, sino que descansa, y lo hace de la manera más eficiente posible para un ave acuática. Recoger una pata contra el cuerpo reduce a la mitad la superficie de piel desnuda expuesta al aire o al agua fría, que es justo donde más calor se pierde. Y esconder el pico entre las plumas del lomo cumple la misma función con otra de las zonas sin plumaje del cuerpo. No es un gesto de timidez ni de picor: es, sencillamente, la forma más económica que tiene de no perder calor mientras descansa.

Los dendrocignos, además, tienen un detalle poco habitual entre los patos: forman pareja estable, y ambos sexos se turnan para incubar los huevos y cuidar a los polluelos hasta que estos pueden valerse por sí mismos, semanas después de salir del nido — un reparto de tareas que muchas otras especies de pato ni se plantean.

Así que lo que parecía timidez ante la cámara resulta ser, simplemente, sentido práctico: ahorrar energía mientras nadie la necesita.

(Título y texto sugeridos por una IA a partir del contenido de la fotografía y el contexto o historia que aporto, y revisados por mí.)
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Reserva Africana de Sigean, Francia.


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