Evitando el contagio

Evitando el contagio

Dos pelícanos reposan juntos a la orilla del agua cuando, de pronto, uno de ellos echa la cabeza hacia atrás, apunta el pico al cielo y lo abre del todo, sacudiéndolo brevemente en el aire. El otro, a su lado, no lo mira siquiera: tiene la cabeza vuelta hacia el otro lado, como si ignorara deliberadamente la escena — o como si supiera exactamente lo que podría pasarle si prestara atención.

Ese gesto tiene nombre: se conoce como “head throw” o “bill throw” (lanzamiento de cabeza o de pico), y está bien documentado en el pelícano pardo americano, aunque es razonable pensar que algo parecido ocurre en otras especies de la familia, como estos pelícanos europeos. Se produce casi siempre en momentos de calma, mientras el ave se asea, se seca al sol o simplemente descansa — justo la situación de esta foto —, y una de las hipótesis más repetidas es que sirve para estirar la bolsa gular, manteniéndola flexible y en buen estado. Más allá de eso, el porqué exacto se lo dejan los propios observadores a los biólogos.

Lo curioso es que el gesto parece contagiarse entre pelícanos casi como un bostezo en una sala de espera: cuando uno lo hace, es frecuente que otro cercano lo repita a los pocos segundos — basta con mirar para que el cuerpo quiera seguir al vecino. Vista así, la postura del segundo pelícano, con la cabeza deliberadamente apartada, deja de parecer simple desinterés y empieza a parecer estrategia: la única defensa conocida contra un bostezo ajeno es no mirarlo.

(Texto sugerido por una IA a partir del contenido de la fotografía y el contexto o historia que aporto, y revisado por mí.)
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Reserva Africana de Sigean, Francia.


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