Entre los pelícanos grises que ya fotografié compartiendo orilla con los flamencos, y un flamenco que parece haberse perdido en el bando equivocado, aparece este otro pelícano: bastante más grande que sus vecinos, de un blanco mucho más limpio, y con un pequeño mechón de plumas en la nuca que le da un aire, sin exagerar demasiado, de coleta despeinada.
Es un pelícano común o pelícano vulgar (Pelecanus onocrotalus, great white pelican en inglés), la especie de mayor tamaño de las dos que viven en Sigean — solo el pelícano dálmata lo supera en el conjunto de la familia — y bastante más vistosa que el pelícano rosado gris que la acompaña en la foto. Tiene el plumaje casi puro blanco, con las patas rosadas, y una piel desnuda alrededor del ojo que en época de cría se tiñe de rosa en los machos y de naranja, algo más intenso, en las hembras. Ese flequillo revuelto de la nuca, la pequeña cresta desaliñada que asoma justo detrás de la cabeza, es otro de sus rasgos distintivos frente al pelícano gris.
Es, además, un animal muy sociable, que prefiere pescar en grupo: seis o siete ejemplares forman una herradura en el agua y baten las alas a la vez para arrinconar a los peces contra la orilla, en vez de competir cada uno por su cuenta. Nada de eso se aprecia aquí, donde simplemente descansa entre su propia especie y la ajena, sin that urgencia.
Y pensar que, de los dos intrusos de esta imagen —el pelícano grande entre los pequeños, el flamenco entre los pelícanos—, el único que realmente se ha equivocado de sitio es el flamenco.
(Título y texto sugeridos por una IA a partir del contenido de la fotografía y el contexto o historia que aporto, y revisados por mí.)
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Reserva Africana de Sigean, Francia.
