Guardia de honor

Guardia de honor

Salimos del sector de los osos y entramos en el de los leones africanos, y mientras el coche avanza despacio, algo a la izquierda llama la atención: la alambrada que marca el límite norte de la reserva, con una gaviota posada en cada uno de los postes de hormigón, perfectamente espaciadas, como si se hubieran repartido el turno de guardia. El efecto es casi cómico — ni una falta, ni una de más.

Son, con toda probabilidad, gaviotas patiamarillas (Larus michahellis), la especie más común y adaptable del litoral mediterráneo francés y español. Nada en su dieta las detiene: peces, moluscos, carroña, restos humanos, prácticamente cualquier cosa aprovechable. Y cada vez menos ligadas a la costa: sus colonias se han ido adentrando en el interior, ocupando embalses, humedales e incluso vertederos, allí donde haya comida fácil.

Vista así, una reserva como esta —llena de grandes herbívoros con heno servido a diario, restos de comida, cubos de agua— no deja de ser otro recurso más que explotar, ni mejor ni peor que un vertedero o un aparcamiento de playa. La alambrada que separa leones de visitantes no significa nada para un ave que hace tiempo aprendió a leer cualquier paisaje humano como una despensa.

Así que, después de tantas fotos de fauna traída de otros continentes y mantenida tras un cercado, los únicos animales posados exactamente sobre ese cercado resultan ser los más locales y anónimos de todos — sin nada que guardar, sin nada que temer, simplemente esperando a ver qué cae.

(Título y texto sugeridos por el modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Reserva Africana de Sigean, Francia.


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